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Buscando el verdadero sabor del huevo

Autor Oscar Gerometta
Publicado Caritas es Compartir
ABR 1993

Después de 51 días de espera de un acontecimiento periodístico, 30 minutos de incendio bastaron para terminar con una de las principales usinas de información de estos últimos meses. Cincuenta días de espera, 30 minutos de noticia, y ahora sólo cenizas para revolver; y en esta 'investigación' que no es otra cosa que revolver cenizas viejas, tecnología del F.B.I. y precisiones casi propias de Sherlock Holmes mediante, se desgrananan algunas ideas y líneas de reflexión de muy corto alcance: ¿qué ocurrió en realidad en los últimos momentos dentro del 'Rancho del Apocalipsis'?, ¿Cómo murió realmente Koresh (si es ese en realidad su cuerpo)?, ¿Cómo se inició en definitiva el incendio?, ¿Quiénes son los últimos responsables?

Días después una noticia de orden nacional desplaza nuestra atención y pone de nuevo sobre el tapete el tema de las 'sectas': un jardín de infantes en un barrio muy humilde regenteado por un grupo religioso (está inscripto en el Registro de Cultos) de origen hindú con antecedentes no muy limpios, que pretende introducir en niños de 3 a 5 años técnicas de respiración y de 'meditación' a través de un así denominado 'rincón de la imaginación'. Reaparecen entonces las preguntas 'inteligentes': ¿Se trata de una secta o de una 'asociación educativa'?, ¿Tienen número del Registro de Cultos?

Mirar de esta manera los acontecimientos, las posibles 87 muertes, la muerte de los 19 niños, la manipulación de las necesidades de familias muy humildes en nuestros barrios del conurbano, es semejante a comerme la cáscara del huevo y dejar que se pierda entre mis dedos el contenido, es quedarme en la superficie, es no trascender la categoría del 'chisme'. En nuestro medio, los más audaces han llegado a formular 'sesudos' cuestionamientos: ¿Hay davidianos en nuestro país?, ¿Es posible que esto ocurra entre nosotros?... Seguimos comiendo cáscaras.

Lo ocurrido en Texas tendría que llevarnos a reflexionar y proyectarnos hacia las posibles soluciones, debiera llevarnos a 'aprender' de la historia, a pasar de la información a la sabiduría. Los acontecimientos de Barrio Sudamérica tendrían que hacernos tomar conciencia de la realidad social, cultural e institucional que sufre nuestra sociedad. El punto de partida es muy simple ¿Existe la posibilidad de que ocurra entre nosotros lo mismo que ocurrió en Waco?. La respuesta es espeluznante: Por supuesto que si.

¿Con qué fundamentos se lanza una afirmación de este tipo?, ¿Hay davidianos en nuestro país?

La preocupación por saber si hay davidianos o no entre nosotros es una cuestión que quizás sólo ellos mismos puedan responder. Sería torpe restringirnos a una preocupación tan limitada: el riesgo no está circunscripto simplemente a esa posibilidad sino que es mucho más amplio; lo que se vió a través de las pantallas de nuestros televisores no es privativo de el grupo de Koresh o de sus enseñanzas, es una perspectiva siempre presente cuando ingresamos en el ámbito de esa enfermedad mental que denominamos popularmente 'fanatismo', especialmente cuando se trata del fanatismo religioso. En nuestro país se estima que existen más de 5.000 grupos religiosos organizados, muchos de ellos actuando bajo la forma de institutos educativos, fundaciones de ayuda a diverso tipo de necesidades, grupos de autoayuda o de terapias alternativas; es característica común a la inmensa mayoría de ellos su repudio a todo lo que se encuentra fuera de los límites de el propio círculo.

Pero las datos son aún más alarmantes, varios de estos grupos (Secta Moon, Cienciología, Hare Krishna, Niños de Dios, Rajneesh, etc., etc., etc.) están prohibidos o investigados en distintos paises del que denominamos 'primer mundo', a raíz no solo de defraudaciones fiscales sino primariamente acusados de manipulación psicológica de sus adherentes y en algunos casos de sometimiento a la esclavitud, de participación y colaboración en tareas de espionaje, de infiltración en estructuras políticas y de poder, de manipulación dolosa de la información a través de distintos medios, de secuestro, manipulación y en algunos casos perversión y/o prostitución de menores, etc.. Y esto no es una realidad que quede circunscripta a los límites de los informes del Parlamento Europeo o del Alemán, habría que cerrar fuermente nuestro ojos para no ver una realidad diaria que está impregnada de jóvenes que abandonan su hogar sin dejar rastro ni dar nunca más noticias, de familias desgarradas por la agregación del padre o de la madre a alguna de las comunidades de estos grupos, de manipulación laboral de adolecentes y jóvenes que se ven reducidos a practicar la mendicidad en condiciones de cuasi-esclavitud, incitación a la prostitución, y hasta en algunos casos extremos, asesinatos rituales.

Ahora bien, ¿lo que les preocupan son estos grupos para-militares?. Bueno, tampoco es necesario para esto ir hasta Waco. Históricamente varios grupos que actúan entre nosotros han tenido situaciones de este tipo, tal es el caso de los Mormones que liderados por su fundador José Smith en el siglo pasado, luego de fundar la ciudad de Nauvoo constituyeron un verdadero ejército al que se denominó 'La Legión de Nauvoo' y que sostuvo varias refriegas con las fuerzas del ejército de los Estados Unidos; algo relacionado se puede encontrar dentro mismo de los Adventistas, que en distintos países realizan con sus adolescentes y jóvenes 'campamentos de supervivencia' para adiestrarlos en las técnicas de supervivencia que serían necesarias en caso de un holocausto. Pero más cerca y localmente, hay un grupo denominado 'Nueva Acrópolis', fundado aquí mismo, en Argentina, por Jorge Ángel Livraga en 1957, que ha preocupado grandemente al Parlamente Europeo por sus característica neo-facistas y para-militares; un grupo de origen extranjero y en actividad entre nosotros es el mismo 'Ananda Marga', dueño del jardín de infantes de Barrio Sudamérica, que según la bibliografía ha sido prohibido en su país de origen, la India, por actividades guerrilleras y homicidios reiterados (el homicidio, aún cuando se cometa en nombre de la eliminación del sistema de castas, es siempre homicidio), pero que entre nosotros es un culto oficialmente reconocido.

Después de este torbellino de datos, ¿Qué hacemos?, ¿Seguir informándonos?, ¿Preocuparnos?. Cuidado, todavía podemos quedar comiendo las cáscaras porque toda esta información y los detalles que se le pudieran anexar no servirían de nada si no son detonantes para que comencemos a buscar una respuesta. Respuesta que debemos buscar todos como sociedad, porque lo primero que debe quedar en claro es que este no es 'un problema de las iglesias tradicionales' como suelen formular algunos pseudo-intelectuales; cuando se comenten asesinatos, cuando se manipulan las conciencias, cuando se pone en riesgo la integridad y salud mental de jóvenes y niños, cuando se avasallan los derechos individuales, la que está en crisis es la sociedad no solo algún sector de ella.

En atención a este carácter social de la respuesta que se exige, creo que primariamente hay dos líneas de acción que es necesario desarrollar con prontitud y sin demoras:

1. La primera es aquella que hace al ordenamiento jurídico de nuestra sociedad que en atención a los antecedentes internacionales y previendo que en nuestro país están dadas las condiciones para que se den episodios de naturaleza tan grave como los que hemos visto, y considerando que de hecho se pueden constatar irregularidades y abusos de importancia, tiene la obligación de legislar al respecto. Esperar a que tengamos un Rancho del Apocalipsis instalado en la Ruta Panamericana para luego investigar y legislar, haría a nuestros legisladores responsables de lo que ocurriera por su omisión. En la actualidad se encuentra esperando tratamiento parlamentario un proyecto de Ley de Libertad Religiosa que se preocupa de regular el ejercicio de la libertad de culto; dedicar tiempo y atención al tratamiento de este proyecto sería una demostración de desconexión de la realidad social y sus necesidades: nuestro país no tiene problemas notables de discriminación o intolerancia religiosa, y si los hubiera hay una ley que penaliza las discriminaciones de este tipo, ¿A qué viene entonces introducir una legislación nueva que le posibilitaría a grupos como la Secta Moon, el Hare Krishna, Ananda Marga, y al mismo Koresh (si lo solicitara), sacar 'patente de religión' y acceder a excensiones impositivas y aduaneras al mismo tiempo que los coloca a la altura de las llamadas 'religiones históricas'?

2. No es posible engañarnos y caer en el simplismo de pensar que esto se soluciona con solo mejorar la legislación, ni tampoco incurriendo en abusos que violenten en nombre de la ley la auténtica libertad de conciencia. La atomización de la experiencia religiosa, la proliferación y crecimiento de cultos aberrantes y denigrantes para la condición humana, el recurso a ritos y creencias irracionales y propios de culturas no desarrolladas, no hace más que señalar un problema más radical que urge atención y soluciones: la creciente disgregación de nuestra cultura, la falta de identidad cultural de nuestro pueblo, el vaciamiento de los símbolos culturales con la consiguiente pérdida de identidad y pertenencia. A esto deben apuntar los esfuerzos de toda la sociedad argentina, de no ser así, el problema no será el crecimiento y auge de las sectas, sino la desaparición de la nación.

Es preciso tener cuidado, tenemos un huevo en nuestras manos; si prestamos atención excesiva a la cáscara, si la manoseamos obsesivamente, corremos el riesgo de que se rompa... y el contenido se perderá.

 
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