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Testimonios
Testimonio de Anna, testigo de Jehová durante 23 años
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«ESTOY APRENDIENDO A ELEGIR CON MI PROPIA LIBERTAD»
«Yo tenía dieciséis años y una infancia difícil. Era una persona inquieta y llena de preguntas. En casa de una pariente conocí a una señora de unos sesenta años, muy cariñosa, la abuela que habría querido tener siempre. Tenía a todas horas una Biblia en la mano y hablaba de justicia y de salvación. Yo la ataqué con toda mi rabia de adolescente y le dije: "Dios es injusto". Ella empezó a hablarme, a hacerme leer su Biblia.
OTRAS PÁGINAS RELACIONADAS INFORME 3
TESTIGOS DE JEHOVÁPronto, me aseguraba: todos los sufrimientos del mundo acabarán. Sus palabras me conquistaron. Su Biblia era la de Jehová. Me encontré leyendo con fervor un libro, «La Verdad que conduce a la vida eterna», difundido en millones de ejemplares en el mundo y conocido como la "Bomba azul"».
Anna tiene hoy 42 años. Ha pasado 23 años con los testigos de Jehová. Ha convertido a su marido y ha educado en la doctrina de este grupo a sus dos hijos, hoy adultos. Tras vivir fielmente dentro de las directrices de los Testigos, Anna, persona inquieta, no dejó de hacerse preguntas. Y así con gran trabajo interior y arriesgando destruir su matrimonio ha abandonado a este grupo. Tras meses de discusiones y peleas también el marido ha seguido sus pasos, así como los hijos. El hijo varón se ha casado con una testigo.
Hoy mira su vida y la relata con pasión y aturdimiento, como si de pronto se hubiera despertado de un sueño. «Yo era ama de casa --explica Anna-- porque los testigos nos presionan en este sentido. Quien manda es el marido, la mujer debe obedecer, ha sido creada en función del hombre. La concepción de la vida es muy puritana, la familia "debe" ser ejemplar, los hijos obedientes y sometidos. Hemos educado a los niños con mucha rigidez. Es de lo que más me arrepiento: me parece que les he arrebatado su infancia. Cuántos dramas por las fiestas de los compañeros de escuela, a las que ellos no podían ir porque las fiestas se consideran diabólicas, una participación en el reino de Satanás. Todo lo que estaba fuera de nosotros "salvados" estaba en poder del Mal. Hoy me doy cuenta de cómo esta educación les ha llevado a ver enemigos en todos los extraños. Les enseñábamos que el fin estaba cerca, inminente, y que Dios destruiría a los malos, es decir a los otros. Nos creían pero con un creciente rencor hacia lo extremo, hacia aquellos "otros" que se divertían».
«Te encierras en un mundo diferente. Usas palabras diferentes. Y te sientes cómodo sólo "dentro". Tu sentido crítico es suprimido metódicamente. No es posible exponer ninguna duda sobre la doctrina. La duda viene de Satanás. En un momento te conviertes en "apóstata". Y al apóstata no se le debe ni siquiera saludar. Es más hay que odiar a los apóstatas. Si dudas, te quedas solo enseguida. No puedes ni siquiera tener dudas hablando con un amigo. Está la obligación de la delación».
Cinco reuniones a la semana, largas funciones dominicales, la escuela del ministerio («Te enseñan cómo contactar a las personas a convertir. Se nos ejercita en preguntas y respuestas. Está estructurada como una escuela de marketing»). Libros y artículos para leer. «No te queda tiempo para mirar "fuera", dice Anna.
«Los últimos meses en el grupo han sido un linchamiento moral. Yo era soberbia, envidiosa, mala. Apóstata. Al irme estaba completamente sola y mi vida se me caía encima. Fui a ver al párroco. Me escuchó con prisa, luego me dijo: "Señora yo no veo cuál es su problema. Basta que el domingo se confiese y ya puede volver a la Iglesia". Me habría puesto a llorar. No comprendía lo difícil que es volver atrás, entrar en aquella Iglesia que durante veinte años había sido para mí el lugar de la mentira. Aquél sacerdote no comprendía absolutamente mi drama.
Luego encontré a un sacerdote del GRIS (Grupo de Investigación sobre las Sectas), el padre Minuti. Durante horas, por teléfono, me ha explicado, me ha escuchado, me ha dado ánimos. Ahora estoy fuera, con mi familia. Estamos aprendiendo a elegir con nuestra libertad. Me queda el dolor de la educación dada a mis hijos. El chico, para ser fiel a la objeción al servicio militar, estuvo en la cárcel y le empujé yo misma».
En un reciente número de la revista de los jesuitas «Civiltà Cattolica» se afirma que la doctrina de los testigos de Jehová no es cristiana, pues no ven a Cristo como el salvador, una de las tres personas divinas de la trinidad.
Ante cualquier inquietud, no dude en consultarnos, estamos a su servicio.
Francesca, ex adepta de la Cienciología durante diez años
«ME DI CUENTA DE LA NADA CON LA QUE HABIA LLENADO MI VIDA»
OTRAS PÁGINAS RELACIONADAS«Conocí Cienciología en los años ochenta en Milán. Tenía 30 años y estaba separada y con un hijo. Trabajaba pero estaba insatisfecha e inquieta. Aparte del matrimonio, mi vida me parecía un fracaso. Un día me encontré entre las manos una hoja publicitaria que invitaba a "conocerse a sí mismo". Fui a hacer un test con 200 preguntas. Al final, me dijeron que era inestable e infeliz porque no podía expresar todo mi potencial».
Así comienza la aventura de diez años que pasó Francesca en Cienciología. Un grupo que en algunos países del mundo disfruta del reconocimiento como nueva religión y de la exención de impuestos. Con el mismo colaboran personajes como John Travolta. La ha revelado ahora al diario italiano «Avvenire».
Francesca ha salido hace tiempo de Cienciología. Cuenta con serenidad la experiencia. «Tras veinte lecciones sobre "anatomía de la mente humana" se me acercaron personas que me contaron cómo la Cienciología había cambiado sus vidas mejorándolas y me invitaron a hacer más cursos. Aprendí que era un "tethan", un ser actuante y consciente pero a causa de mis "aberraciones" (es decir los traumas de mi vida) estaba atrapada en un cuerpo y había perdido conciencia. Mi existencia estaba constituida por una cadena interminable de vidas precedentes, en las que había seguido perdiendo conciencia. Ahora, sin embargo, gracias a Cienciología, podía salir de esta espiral para alcanzar la libertad total. Esta perspectiva de libertad, de dominio sobre la realidad, me fascinó. Además, practicar Cienciología no era abrazar ciegamente una creencia sino seguir un método científico probado por muchos con éxito. Este no ser una fe sino una ciencia me daba seguridad».
A Francesca le dijeron que el mejoramiento le vendría través de una serie de grados en el Puente o Camino hacia la felicidad. Cada grado es un nuevo curso y nuevos dineros que hay que pagar ala organización. «Hay una técnica para todo y un coste para cada técnica, coste que sube a medida que se avanza por el Puente».
Tras algunos meses, Francesca decide que esto es lo más importante de su vida, abandona el trabajo y confía su hijo a una pariente. Entra en la organización de la Cienciología donde la hacen trabajar 12 ó 15 horas al día por muy poco dinero. No se preocupa porque tiene el dinero de la liquidación y además, piensa «dentro de poco seré tan capaz y libre que podré hacer lo que quiera».
Pero las cosas no van como había pensado. Cuando llega a la condición de «claro» (un nivel de conciencia y libertad capaz de hacer a la persona autónoma) experimenta una gran alegría que le dura poco: «me parecía en realidad estar exactamente como en el punto de partida. Yo me decía que en los niveles superiores resolvería mis problemas pero siempre se va adelante y el Puente no acaba nunca». En aquel momento debía ir a Copenhague para pasar el nivel OT3, llamado el «muro de fuego». «Trabajé muchísimo para lograr mi nivel OT3 aunque cada vez más me parecía ciencia ficción y no ciencia. Pero estaba ha habituada a pensar poco y a fiarme totalmente de los escritos de Hubbard. Volví a casa y no olvidaré aquel viaje porque empecé a tener perturbaciones mentales que antes no había tenido nunca: sentido de asfixia, pánico, incapacidad de mantener el control de mi conciencia. Luego he sabido que otros tuvieron perturbaciones semejantes al acabar el OT3».
Al llegar a Italia, se sentía cada vez más fuera de la realidad: «creía que habría sido libre y en cambio me encontraba incapaz de resolver las cosas más banales de mi vida cotidiana. Mientras tanto, tras cinco años, el dinero de la liquidación se había acabado y yo no podía hacerme cargo de mi hijo.
Decidí salir pero no fue fácil. Me hicieron acusaciones de todo tipo, intentos de hacerme confesar cosas que no había hecho, la amenaza (para mí gravísima) de no poder practicar nunca más la Cienciología por toda la eternidad (por tanto me negaban la vida eterna). Me dijeron incluso que usarían todo lo que dije en las sesiones de "auditing" (una especie de confesión ante un rudimentario detector de mentiras llamado "E-meter") sería publicado. Mientras tanto, me llamaban por teléfono muy amables diciéndome que yo era tan estupenda que justamente ahora no podía abandonar. Me fui durante algún tiempo a un lugar escondido porque me sentía acosada».
La conclusión de Francesca es elocuente: «Se entra en Cienciología para autorrealizarse y uno se convierte en completamente dependiente de esta "ciencia". Para entrar en la organización avanzada, yo había firmado un contrato de dos mil millones de años: estaba completamente fuera de la realidad. La noche en que cumplí 40 años, me di cuenta de la nada con la que había llenado mi vida. ¿Y mi hijo, y mi trabajo? Con un terror mezclado con alegría, comprendí que tenía que comenzar todo desde el principio»
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Michael, un adherente a la Meditación Trascendental
«LA DESILUCIÓN DE UN SEGUIDOR»
Durante años el tema de la meditación transcendental ha recibido mucha atención y los seguidores de las diversas técnicas de esta meditación han tenido bastante éxito. Sin embargo, Michael Durham, en un artículo publicado en "The Times" (10/3/00) cuenta que no ve con buenos ojos cómo se ha transformado esta actividad.
Durham menciona que en 1972 recibió su primera instrucción en la meditación trascendental y que le costó sólo 8 libras esterlinas. Hoy en día, cuando volvió a un centro para ser instruido en esas técnicas de meditación, le costó 490 libras.
Durham comenta que cuando aprendió por primera vez la meditación trascendental le ayudó a lograr mayor tranquilidad en su vida, pero que con el paso del tiempo dejó de practicarla. Cuando volvió ahora, descubrió que el Maharishi Mahesh Yogi todavía sigue en su promoción de esta técnica de oración, pero que ha habido muchos cambios. El centro de Londres está lleno de folletos sobre las actividades y productos de Maharishi Mahesh Yogi. Por ejemplo, una publicación habló de una alineación especial de los planetas en mayo de este año que podrá ser causa de problemas. Sin embargo, por un donativo de mil dólares Maharishi puede arreglar la situación. Sólo que harán falta muchos donativos de esa cantidad para que el proceso funcione. Además, existe una colección de 17 CDs con la música de Maharishi, cintas con lecturas, todo obviamente disponible a unos precios bastante altos.
Fue en ese momento, cuenta Durham, que se dio cuenta de que todo eso de la meditación trascendental es un fraude. Después de su experiencia Durham describe cómo encontró información sobre las consecuencias nocivas de la meditación transcendental para la salud psicológica. Un reportero, Duncan Campbell, compañero suyo especializado en investigaciones, le informó de que la meditación transcendental debería ser considerada como un culto de la personalidad y que si quiere aprender a meditar sería mejor comprar un libro. Otra persona consultada por Durham, la Dra. Susan Blackmore, del Departamento de Psicología en la Universidad del Oeste de Inglaterra, comentó que detrás de la meditación transcendental existe una enorme jerarquía que consigue grandes cantidades de dinero.
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